La mayor parte de estas construcciones están locallizadas en tres regiones, Firenze, Lucca y Siena. Su arquitectura se caracteriza por la edificaciones tipo torres que datan de la epoca del 1200, y ya en 1400 se convirtieron estas casas en extensiones mas horizontales.

En 1500, las clases medias iniciaron la construcciones de sus propias casas con los exquisitos gustos de los arquitectos de moda Simone del Pollaiolo, Buontalenti y Giambologna. En 1600 el arte barroco, mejor expresado en las edificaciones religiosas tuvo lugar bajo una fuerte influencia mística que era particular en la región de la época.


Llegar a Arezzo fue un poco escabroso, volar desde Milano, llegar a Firenze y luego tomar un particular taxi rumbo a la estación de trenes pone a prueba la paciencia en ese pequeño pero sobre poblado aeropuerto.

La estación de trenes de principios del siglo pasado, con sus enormes techos y vigas de acero y sus gentes cual hormigas tomando diferentes destinaciones,me parecía digno de un cuadro cuando el sol se acostaba en una dulce tarde perezosa.

Nuestro tren hacia Arezzo haria la friolera de 45 minutos y llevábamos atrasados ya otros cuarenta y cinco, de tal manera es que probablemente ya no llegaríamos a tiempo para la cena de las siete de la tarde que teníamos programada en una villa Toscana.


No hubo lugares en un atestado Viernes por la tarde, así que nuestras maletas fueron asiento y descanso durante nuestro mirador de entre uno y otro vagón. Los marchantes, comprimían cada vez mas la capacidad de aquel espacio que se reducía a casi estallar la nariz contra la ventana y aún escuchar un “Scuzzi per favore” y convertirse en spagghetti para poder dar paso al que cruzaba. No dejaron de incomodar algunos estudiantes con su pitillo prendido  y anecdotario de lo mas variado y picante.


Un pequeño empujón denoto la partida tan esperada, las caras de quienes aun permanecían en el anden se perdieron a lo lejos, así que me concentre en guardar lo mejor que pude el equilibrio con la ilusión de pronto llegar a puerto seguro.

La campiña se presentaba como un menú a la vista, jugando con los colores de una primavera francamente en desarrollo. Rio y lagunas, con vastas extensiones de colinas rematadas con alguna casa campesina rodeada de viñedos y sembradíos de frutales….era toda una bienvenida a la Toscana  !.


Nuestro taxi arrivó al hotel “Corte dell’Oca” (El corral de la Oca), un pequeño pero acogedor lugar donde podríamos decir que era un pequeño templo a la autoindulgencia.

De no mas de diez cuartos, con olores mezclados con la madera y el horno de la casa, invitaban a una opípara cena.   Aunque muy en contra de mi voluntad, ya teníamos una invitación a casa de alguno de nuestros amigos a los que visitamos, aunque mas tarde, confieso, cambiaría de opinión.

Franco Donnatti, un fornido y dicharachero hombrón, se acerca con la sonrisa a flor de piel y nos da la bienvenida..” Adelante!, esta es su casa en la Tuscana … rugió !


Resulto ser el dueño de hotel y un magnífico anfitrión. A la entrada del albergue, esta un estante que vigila al comedor repleto de productos de la casa, pastas, conservas y vino, uno en especial que sera motivo de un Eulogio, el Vinsanto ,que se acompaña de un panecillo duro y semidulce llamado cantucci .


La los últimos rayos de esa memorable tarde, murieron camino a la villa donde tendríamos la reunión de amigos. Situada en una pequena colina y a buen resguardo de dos portones de acero medieval, entramos con el automóvil y recorrimos un camino sinuoso que nos llevo justo ante la veranda principal del jardín que era a la sazón el porche de la casa.

Su exquisita arquitectura que a la vez era sobria, mostraba un hermoso ladrillo de color rosado y café pardo, tan bien contrastaban y era tal la armonia como un buen queso lo es al vino.

Tuvo a  bien en recibirnos una hermosa vista de una mesa a la usanza campesina, todo al aire libre en una noche que refrescaba, aunque no mucho, pero, que importaba con el embelezo de aquella orquesta culinaria que nos haria bailar con los sabores de la Italia.

Destacaba una pierna de puerco salada y curada al estilo prosciutto cuyas rebanadas nos dejaba entrever un sabor dulzón con reminiscencias de frutas, un exquisito sabor  que colindaba con el pan rústico y duro aunque muy agradable.El pan de la Toscana, característicamente duro y sin sal, y esto según me contó mi anfitrión se debe a que en los viejos tiempos, no se agregaba mucha sal debido a lo caro de la  misma, y el pan se hacia duro por los días que pasaba almacenado esperando ser devorado en alguna mesa cuando así se dispusiera.


El vino no podría faltar en una noche así ni con un anfitrión de ese calibre, y menos cenando en la campiña Italiana. La Toscana, una región en el centro de este pais, es la casa del mundialmente famoso Chianti, este vino que es mas bien áspero y seco, se elabora a base de la uva Sangiovese,que es nada menos que “Sangre de Júpiter” y dependiendo de los micro climas y mezclas, se producen vinos de mayor o menor calidad. El Brunello de Montalcino es un vino que ha alcanzado fama y respeto, con una complejidad de olores y sabores y cuya uva tambien es la Sangiovese, fué el acompañante ideal de algunas delicadezas como el hígado de Oca y el perfumado prosciutto con un aceite extra virgen de oliva con dejos amargos y notas a hierbas.


De la Emilia Romana nos visitó el Parmesano que hizo la degustación mas aún perecedera en nuestras memorias.

La Panzanella, un platillo típico de la campiña, simple cebolla remojada con pan duro y aceite de oliva, nos recuerda que los platillos a veces mas sabrosos, son asombrosamente los mas sencillos.

De la región, se ofrece de postre un vino semi dulce llamado Vinsanto que es hecho de una uva llamada Trebbiano  a la cual recogen y  almacenan hasta que aumenta la concentración de azúcares.  Posteriormente hacen la fermentación y resulta un producto delicioso con un retro gusto muy especial complejo y duradero. A la nariz encontramos notas que recuerdan flores y miel . El proceso en particular no permite que el hongo Botrytis infecte la uva como se hace con otras uvas como la semillón y que hacen que los vinos de Sauternes tengan esa característica dada por la “pudrición noble”. Cuando este hongo hace que la uva se seque y deje un altísimo contenido en azúcar, además de modificarle el sabor. El acompañante ideal para el Vinsanto es un pan semidulce que lo llaman “Cantucci” por ser este cortado en forma esquineada o de canto. Se remoja el pan en el vino y luego se paladea el mismo, una interesante combinación de texturas y sabores, vale la pena..!


La corte dell’Oca cuenta con su propio horno de lena donde se cocinan  lo mismo el tambien famoso “Bistecca a la fiorentina” que es un asado de centro de costilla aderezado con el perfume que le da el Romero o Rosmarino , que una pieza de caza menor como pato  ganso o jabalí. Ver las llamas como lamen la entrada del horno, es todo un espectáculo y ahí sentado en medio del aire libre en rústica mesa de madera, se acerco Giuliano con una paté de hígado de Oca que se produce en la casa. La mesa dispuesta de manera simple, pero provocadora, dio paso también a un rosado prosciutto que bien hizo en acompañarlo un buen Chianti, quien le hizo los honores a tal consorte culinario.


El rio Arno  cuyas riveras serpentean plácidamente, proveen pasajes dignos de un cuadro al óleo, donde sendos pescadores sumergidos hasta medio cuerpo, prueban suerte para atrapar al mejor pez, para luego darle otra oportunidad de vida devolviéndolo al agua.

Franco Donnatti heredo el hotel de su padre en los cincuentas, y así con su carácter y bonhomia ha acrecentado la fama y la satisfacción de los parroquianos que se olvidan un poco de las viscicitudes de la vida en la Corte de’llOca,  o como dicen en Italia......“Dolce Fare Niente” .